La muerte, por cotidiana que sea, suele llegar casi siempre a contrapié, emboscada. Pero la muerte imprevista de un amigo te golpea hasta la conmoción.
Lo primero que me viene a la cabeza al recordar a Tomás Antuña es que era, duele mucho tener que utilizar el pasado, muy buena gente. Un buen y gran paisano.
Es inhabitual encontrar tanta unanimidad cuando se define a una persona. Siempre con una sonrisa agradable, una broma oportuna, un comentario cariñoso, una fina ironía para desactivar tensiones y facilitar las cosas. Sin un mal gesto y con una actitud permanentemente positiva aún en los momentos personales más crueles que le tocó sufrir
Tras dedicar su vida profesional a la medicina y a su familia, Tomás quiso seguir colaborando en la mejora de la sociedad y cuidando desde la política de la vida de sus vecinos de Llanes, en su partido de siempre, el Partido Popular.
En su dedicación y compromiso generoso y desinteresado con la política quizás más verdadera y cercana, la que se desarrolla en un Ayuntamiento, Tomás mantuvo también su excepcional temperamento, a pesar de las aristas y contratiempos de una actividad muchas veces ingrata.
Fue un gran concejal, y un gran teniente de alcalde de Llanes. Siempre inquieto por defender los intereses de los llaniscos, con la lealtad, el sentido común y la sensibilidad ante los retos de la vida como su mejor bagaje.
Nos has dejado demasiado pronto, pero siempre nos quedará tu ejemplo como lección de vida, que prometemos no olvidar.
Son días muy tristes y desgarradores para tu amada familia, tu querido Llanes y toda la familia del Partido Popular, que te apreciaba sinceramente.
A todos ellos quisiera, desde el dolor, insuflar todo el ánimo posible para que sigan tu huella de excepcional persona.
Estoy seguro, querido Tomás, que allá donde estés ya habrás arrancado muchas sonrisas y alguna carcajada. Descansa en paz, buen amigo.